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  • Mari

Lecciones del sufrimiento para tontos


Que se puede llorar mucho pero que también las noches enteras lamentando lo sucedido no cambian las cosas ni el final de la historia pero sí que puede cambiar tu actitud ante la vida.


Estas son algunas cosas que se aprenden mientras lloras y pides perdón, cosas que yo misma aprendí y que salen de mi corazón entendiendo que puedo ayudar a otros y otras que están pasando por momentos difíciles. No se rindan... No te rindas... disfruta de los momentos de felicidad, y aprende a asumir que se puede volver a empezar cada día.


Algunas cosas que he aprendido del dolor o sufrimiento:


Aprendí a aceptar que a veces, necesito pedir ayuda, entender que no necesariamente es fuerte el que no necesita de nadie sino quién puede hacerse cargo de lo que le pasa aunque necesite de apoyo en el proceso.


Aprendí que es necesario admitir que no siempre se puede, entender mis limitaciones con humildad, a que debo cuidarme y no exponerme a situaciones y personas que simplemente no merecen mi atención, tiempo y mi afecto.


Que a veces duele mucho el alma, tanto, que la sientes que la vida pareciese acabar, que tener razón no siempre calma al corazón y mucho menos, no seca las lágrimas.

A perdonar, entendiendo que el repudio y el odio daña más a mi corazón que la cualquier otro.. y que cada persona vive su propia batalla interna y es prisionero de sus propios defectos... solo así empiezas a dejar de querer cambiar afuera para cambiar por dentro.


A disfrutar y apreciar la felicidad de una taza de té, de un café, o cualquier instante y sentir que el calorcito del sol se siente más lindo luego de varios días de pura tormenta..


A que tengo que ser más comprensiva.. abrir más mi corazón y saber que no hay cura más efectiva que un abrazo y una caricia. Que muchas veces no son necesarias las palabras, y que para salir a flote solo se necesita del amor y los abrazos de aquellos que nos importan.


Aprendí que la gente que me quiere siempre estará ahí aunque aparenten estar lejos.


Me costó, pero también aprendí a que existe un Dios.. y que allí, donde parecía ya no tener fuerzas fue cuando más cerca lo sentí. A entender que no tengo que confiar en su plan aún cuando ni puedo entenderlo.


Aprendí que nadie puede vivir o experimentar lo que me toca, que nadie sufrirá mi propio dolor ni a luchar mis batallas.


Que crecer es inevitable.. y que crecer, es sinónimo de asumir riesgos..


Aprendí... que si miro atrás, en su mayoría, debo dar gracias por lo que he vivido, que muchas de las lágrimas ahora son risas, que alejar a ciertas personas fue un regalo y que perder ciertos espacios simplemente me hizo encontrar otros mejores..


Y que no importa qué tan oscura esté la noche... porque cada vez que sale el sol se puede volver a empezar...

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